El cuerpo mutante: ¿Seguimos evolucionado en los últimos años?
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Imagen:
Rodrigo Avilés
Nuestros cuerpos están en permanente cambio, pero no sólo
evolucionan al modo darwiniano, hoy reaccionan a cambios culturales como la
alimentación, la higiene, la educación y el desarrollo en la medicina y la
ciencia. ¡Mira cómo!
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El gran descubrimiento de Darwin respecto
a la evolución de las especies, aplicable a toda la historia del mundo animal
(y de nosotros mismos), hoy ha comenzado a relativizarse. ¿Es posible
que nuestra adaptación física a los cambios culturales hoy
sea muchísimo más veloz de lo que ha venido siento en los últimos miles de
años? Resulta que, en los últimos cien años, nuestros físicos han
reaccionado notoriamente a las condiciones de nuestro medioambiente, y eso de
la “selección natural” ha quedado, por el momento, guardado en un cajón.
Darwin postulaba la
sobrevivencia del más fuerte, aquellos que mejor se adaptaban a los
cambios. Así, los especímenes de determinada especie que desarrollaban
características que les eran útiles para sobrevivir, las heredaban a su
descendencia, y así se producía a la larga una evolución genética que
fortalecía a todo el grupo. ¿Y qué está pasando ahora?
Mientras algunos postulan que eso
continuará ocurriendo en períodos que involucran miles de años, otros argumentan que
la reacción rápida de nuestros cuerpos a los cambios culturales, es
lo que ahora lidera.
Hoy en El Definido quisimos
investigar cómo han cambiado nuestros cuerpos a lo largo de los años,
desde los primeros homo sapiens–cuya descendencia evolucionó al
modo darwiniano- hasta las transformaciones rápidas y evidentes si se compara a
un bisabuelo con su nieto; Internet, la digitalización, la medicina, la higiene
y la alimentación, están modificando nuestro cuerpo.
Los primeros cambios
Somos bastante distintos de los
primeros homo sapiens, que
surgieron hace más de 300 mil años. En los últimos 100 mil años –y más
patentemente en los últimos 10 mil- los humanos nos hemos hecho más
pequeños. Hace 40 mil años, los hombres (machos) europeos medían, en
promedio, 1,83 cm., pues eran cazadores recolectores que funcionaban en un
ambiente hostil y necesitaban mucha más fuerza de la que hoy utilizamos en el
día a día. Además, recién el hombre había salido de África (donde nació nuestra
especie) y los cuerpos alargados eran típicos de ese clima cálido.
Pero hace 10 mil años,
los mismos hombres eran más pequeños, medían alrededor de 1,62 cm. ¿Por qué? La
agricultura había comenzado a desarrollarse, y esos primeros ensayos fallidos,
con cosechas que no siempre eran abundantes, produjeron hambrunas. El ganado
doméstico también nos traspasó nuevas enfermedades y nuestro cuerpo se adaptó,
achicándose. Hace 600 años la cosa no era muy distinta, en promedio, los
hombres europeos medían 1,65 cm., pues muchos tenían una muy mala nutrición
y la salud era aún muy rudimentaria.
Al mismo ritmo que los cuerpos, nuestros
cerebros también disminuyeron, pues debían adaptarse a los cuerpos más
“enjutos” de nuestros antepasados, como también el tamaño de las
mandíbulas y los dientes. Esta impresionante reconstrucción de una mujer
griega que vivió hace 9 mil años, lo deja patente.
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Investigadores de la Universidad de
Atenas, utilizaron el
cráneo de una mujer de 18 años a la que bautizaron como Avgi (Aurora),
para reconstruir su rostro y mostrar al mundo cómo lucía
nuestra especie en la época. Sus huesos habían sido encontrados en el centro de
Grecia, en una cueva llamada Theopetra, en 1993.
El equipo -integrado por un
ortodontista, un ortopedista, un neurólogo, un patólogo y un radiólogo- realizó
una tomografía computarizada del cráneo y, utilizando una impresora en
3D, hicieron una copia sobre la que se hizo la reconstrucción. Músculo por
músculo recrearon la cara de Avgi, la que completaron con la piel y las
tonalidades de pelo y ojos que eran propias del sitio en aquellos años. ¿Qué
sacaron en limpio?
Óscar Nilsson, arqueólogo y escultor
sueco especialista en reconstrucciones señala: "después de
haber reconstruido muchas mujeres y hombres de la Edad de Piedra, creo que
algunas características faciales parecen haber desaparecido o suavizado con el
tiempo. En general, nos vemos hoy menos masculinos, tanto hombres como
mujeres".
Más pequeños, con mandíbulas menores,
más “frágiles” o “suaves” si se quiere, y seguramente menos intimidantes a
primera vista, pues ya no es necesario pelear con un mamut para obtener carne o
pieles de abrigo. ¿Pero qué pasó ahora?
100 años de cambios
revolucionarios en nuestros cuerpos
Resulta que ahora “nos pegamos un
rebote” y crecimos y
aumentamos de peso. ¡Y en sólo 100 años! ¿Qué diablos
está sucediendo? ¿Se aceleraron nuestros cambios genéticos? ¿Qué diría Darwin
de todo esto? Al parecer, Darwin quedaría fuera de esta discusión, pues nuestro
cuerpo se está adaptando a pasos agigantados a las nuevas condiciones
culturales y, de una u otra forma, estamos siendo artífices de nuestra propia
evolución, ayudados por la tecnología y la ciencia. Vamos
viendo.
El desarrollo le da
una mano a la altura…
Un estudio publicado
por el Institute for the Study of Labor en Bonn (Alemania), demostró
que los hombres de 20 años del Reino Unido en 1890, medían en promedio 1,68 cm,
mientras que ahora miden 1,78. Estos diez centímetros de diferencia se
deberían, en parte, a cambios en la nutrición, la higiene y los sistemas de
salud.
Al contrario, en aquellos países que
han sufrido largos períodos de guerras o tienen muy presentes enfermedades que
han logrado superarse en el mundo desarrollado, la altura promedio ha
disminuido o se ha mantenido. Por ejemplo, en
África durante el Apartheid (el
sistema de segregación racial que existió en Sudáfrica y Namibia hasta
1992) hubo un declive en la altura media de la población,
probablemente debido al empeoramiento de las condiciones socioeconómicas de la
población negra.
Es decir, la altura va de la mano del
desarrollo, aunque en general todos se han vuelto más altos (en promedio, el
hombre europeo –lamentamos que casi todos los estudios se refieran a este grupo
en particular- mide 1,75 cm.). Los países con hombres
más altos del mundo son los Países Bajos y Bélgica, mientras que las mujeres
más altas están en Letonia y los Países Bajos. Por otra parte, los hombres más
bajos viven en Timor Oriental y Yemen, mientras que las mujeres más bajitas
están en Guatemala y Filipinas.
¿Y en Chile? Lo últimos estudios dicen que hemos
aumentado 11 centímetros en el último siglo,¡chan!
…Y le da la otra mano
a la gordura
Pero no todo es “miel sobre hojuelas”,
pues ya conocemos los problemas de obesidad que sufren los países más
desarrollados y aquellos que están en vías de desarrollo; una enfermedad real
que hoy afecta en
Chile al 35% de los niños menores de seis años.
- ·Te puede interesar: Cómo EE.UU. logró reducir la obesidad entre los preescolares de bajos recursos.
Resulta que también nos hemos puesto
más gordos, pero para mal. Por ejemplo, estudios del antropólogo Barry Bogin, demuestran cómo los
niños descendientes de mayas revelan patrones distintos de crecimiento y peso,
dependiendo de dónde nazcan y se críen (porque influyen las costumbres del
lugar). Es decir, si un niño nace en Guatemala, es posible que sea más delgado
y más pequeño, debido a las condiciones socio ambientales en las que se
desarrollará. Por el contrario, si su hermano nace y se cría en Estados
Unidos, incluso podrá ser 11 cm. más alto, estará menos expuesto a
enfermedades y (malas noticias) será más “guatoncito”, con altos
riesgos de obesidad, como la población estadounidense en general. Es así
como los migrantes, rápidamente desarrollan características
físicas propias del lugar a donde llegan.
¿Y a qué se debe? Lógicamente a la
alimentación (recomendamos este documental en que
desarrollan el protagonismo que ha tenido el azúcar procesado en todo esto).
Pero también se debe a una cosa llama “epigenética”, es decir, a cómo los
cambios hereditarios activan y desactivan genes.
En palabras simples: si tu abuela y
tu madre sufrieron de hambre en una guerra, por ejemplo, y tú gozas de
abundancia, es probable que tu cuerpo esté “configurado” para la
hambruna. Entonces, en vez de ser saludable, acumulas esa energía extra
como grasa y ¡bum!, tienes sobrepeso.
Nos hacemos mayores
antes
Este estudio del mismo
Bogin, demuestra cómo hoy las niñas y niños llegan a la pubertad antes
que hace cien años. Gracias a una mejor
nutrición y salud, la edad de la menarquia (primera menstruación) en las niñas
estadounidenses, ha descendido 0,3 años por década desde mediados del siglo
XIX. Es decir, si a una tatarabuela gringa le llegó a los 17, a su
tataranieta le está llegando en los últimos meses de sus 12 años.
Esto tiene consecuencias
biológicas –como el hecho de que las niñas que maduran antes pueden llegar a
tener presión arterial alta o diabetes tipo 2- y culturales, puesto
que en muchos pueblos las niñas que ya pueden embarazarse, son casadas precozmente
(lo que trae muchas consecuencias dañinas para
sus vidas).
También hay estudios que han analizado a niños
inmigrantes, que han ingresado desde países subdesarrollados a Estados Unidos.
Sucede que tanto los niños que han sufrido de malas condiciones de salud y
alimentación, como aquellos que gozaban de buenas condiciones antes, al
llegar al país del norte se les desencadena la pubertad antes. ¿Por qué?
Los investigadores no están seguros,
pero suponen que es a causa de los productos químicos a los que se
exponen en el nuevo medio ambiente (llamados “disruptores endocrinos”, que alteran el
equilibrio hormonal de los niños). Concluyen que el inicio de la pubertad, es
un marcador sensible a los efectos que pueda tener el medioambiente en nuestra “susceptibilidad
genética”, teniendo efectos en los cuerpos.
¡Y vivimos más!
Si bien esta no es una característica
física, nuestros cuerpos –más gordos y más altos que hace cien años-
viven más tiempo. Y obviamente las razones aquí son plenamente culturales:
mejor medicina, nutrición, educación e higiene (claro, dependiendo de qué lugar
del mundo señalemos). ¡Estamos siendo artífices de nuestra propia
evolución! Cambiando el desarrollo de nuestra evolución natural en
pocos años.
Según la OMS, el país que menor
esperanza de vida tiene, es Sierra Leona, con 50 años; mientras que Japón goza
del primer puesto, con 83 años (en Chile son 80). ¿Y cómo era la cosa hace un
siglo? Bastante distinta. Por ejemplo, en España la esperanza de vida aumentó 40
años durante el último siglo. Y para el caso de las mujeres, es aún mayor:
si una mujer vivía en 1910 hasta los 38 años, hoy llega a los 84. Claro,
influye también el factor guerras, pero sacando esa variable, es evidente lo
que ha logrado la medicina.
Hay varias enfermedades que
hoy nos suenan a añejo, y cuya morbilidad (cantidad de personas enfermas en un
lugar y momento particular) va claramente hacia abajo, como la viruela, el
tétanos neonatal o –en menor medida- la rubéola. Sin embargo, hay otras en
ascenso y que hoy son las responsables de la mayoría de las muertes y los
padecimientos de nuestra generación, como las enfermedades cardíacas,
el Alzheimer y
todos los diversos tipos de cáncer (“una por otra”, dicen por ahí).
Así y todo, cada día estamos llegando a
más viejitos, y ya no es raro tener abuelos o bisabuelos de más de 90 años.
Esto nos alegra, pero también acarrea una serie de problemas, pues muchas
veces se trata de una población dependiente e incluso abandonada.
Claramente nuestro cuerpo continuará
reaccionando al entorno, a los avances de la ciencia, a la tecnología y a
nuestras conductas culturales. Pero debemos tener consciencia de que cada
cambio implica un desafío, pues sabemos que nuestros físicos no solamente
se han ido fortaleciendo, sino también desarrollando nuevas enfermedades,
inclinándose más a la obesidad y viviendo cada vez más años. Y si queremos
vivir más, no sólo debemos ser sanos, sino también hacernos cargo de diseñar
políticas y sistemas sociales que nos permitan mejorar nuestra calidad de vida
hasta nuestros últimos días.
¿Cuáles crees que
serán los próximos cambios físicos que experimentaremos?


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